E
Emm, cómo empezar esta entrada...
Supongo que pronto adivinaréis de qué sensación se trata, puesto que lo más seguro es que la hayáis sufrido más de una vez en vuestra vida, incluso puede que en estos mismos instantes... Si no os apetece pensar, limitaros a leer el fragmento entero.
Hablo del sentimiento de enamorarse, algo tan mágico... Ese amor que te persigue allá donde vas, que te recuerda a esa persona en cualquier momento y lugar, que te hace recordar que el ser humano es el único que lo tiene, y que probablemente tengas dos grandes posibilidades: el sí, y el temido no del que hablé en mi entrada anterior.
Esas son las posibilidades de gustarle, de que el destino te ponga en el momento y lugar adecuado para que surja ese flechazo, y si se da el caso y sois valientes, empezar una nueva aventura dentro de la de tu propia vida, lo que sería una aventura ni contigo ni sin ti, una aventura compartida, llena de altibajos, como una montaña rusa, en la que a veces estás pletórico y en lo más alto, y otras estás, y perdón por la expresión, en la mierda. Es algo bonito, supongo...
A no ser que llegue mi monstruo (bueno, a veces), mi odiado no, con el que tendrás en tu mano intentarlo de nuevo como en el Mario Bros, o limitarte a olvidar a alguien que no te quiere en ese sentido, lo que no quiere decir que no quiera pasar tiempo contigo, sino que no lo quiere hacer a tu manera. A veces, y por desgracia, la gente no quiere el amor que alguien le brinda, por factores X o Y, incluso que no dependen de la persona.
Puede que el amor necesite tiempo, espacio, incluso madurez, y mucha. Lo que falló hace 2 años puede surgir en 4, 6, 8 o 50, quién sabe... Estamos en el bombo, como la lotería, y siempre hay una posibilidad de sacar la misma combinación de nuevo, o otra diferente que se acopla mejor a ti... Depende de quién saque las bolas, el destino, Dios, la serendipia o lo que sea, mientras que no sea yo, mejor... Sí, porque con mi suerte seguro que se me caen las bolas o incluso se me rompen o las pierdo, como las gomas del pelo o los ganchos.
Con el enamoramiento no me refiero al de personas de carne y hueso en exclusiva, es decir; personas que conoces a la perfección gracias a tus dotes de observación o porque desde que naciste has permanecido con esa persona lo suficientemente cerca para saber por dónde van los tiros; sino de personas que ni conoces, que ves en el bus que te lleva a casa, o en el metro, o un día que llegas tarde a clase o al trabajo, también las que ves por la tele, actores, o incluso personas que no están en vida aquí, pero sí han dejado un gran legado, como por ejemplo escritores, músicos, etc.
Aquí pensabais que os iba a soltar el tostón con el amor hacia alguien, pero no... Otra vez os equivocáis.
Puedes enamorarte de las esencias de las personas, de su afán luchador, enamorarte de la tenacidad, del pelo, del cuerpo, de la mente de alguien, del libro favorito de tu tía Manoli, del perro del vecino, y hasta si me apuras de una flor. Puedes hacerlo de tu ropa, o quizás de tus recuerdos... Fíjate si puedes enamorarte, que hasta lo puedes hacer de ti mismo, sin depender de que nadie te quiera, sin miedo de que te hagan daño, de que te traicionen, de que te hagan llorar, de que te dejen tirado, de que no vayan contigo a tomarse unas cervezas...
Enamórate de ti, y como dicen por ahí, á(r)mate de valor, que la vida son dos días. ¿Y si no te quieres tú quién lo va a hacer?
Supongo que pronto adivinaréis de qué sensación se trata, puesto que lo más seguro es que la hayáis sufrido más de una vez en vuestra vida, incluso puede que en estos mismos instantes... Si no os apetece pensar, limitaros a leer el fragmento entero.
Hablo del sentimiento de enamorarse, algo tan mágico... Ese amor que te persigue allá donde vas, que te recuerda a esa persona en cualquier momento y lugar, que te hace recordar que el ser humano es el único que lo tiene, y que probablemente tengas dos grandes posibilidades: el sí, y el temido no del que hablé en mi entrada anterior.
Esas son las posibilidades de gustarle, de que el destino te ponga en el momento y lugar adecuado para que surja ese flechazo, y si se da el caso y sois valientes, empezar una nueva aventura dentro de la de tu propia vida, lo que sería una aventura ni contigo ni sin ti, una aventura compartida, llena de altibajos, como una montaña rusa, en la que a veces estás pletórico y en lo más alto, y otras estás, y perdón por la expresión, en la mierda. Es algo bonito, supongo...
A no ser que llegue mi monstruo (bueno, a veces), mi odiado no, con el que tendrás en tu mano intentarlo de nuevo como en el Mario Bros, o limitarte a olvidar a alguien que no te quiere en ese sentido, lo que no quiere decir que no quiera pasar tiempo contigo, sino que no lo quiere hacer a tu manera. A veces, y por desgracia, la gente no quiere el amor que alguien le brinda, por factores X o Y, incluso que no dependen de la persona.
Puede que el amor necesite tiempo, espacio, incluso madurez, y mucha. Lo que falló hace 2 años puede surgir en 4, 6, 8 o 50, quién sabe... Estamos en el bombo, como la lotería, y siempre hay una posibilidad de sacar la misma combinación de nuevo, o otra diferente que se acopla mejor a ti... Depende de quién saque las bolas, el destino, Dios, la serendipia o lo que sea, mientras que no sea yo, mejor... Sí, porque con mi suerte seguro que se me caen las bolas o incluso se me rompen o las pierdo, como las gomas del pelo o los ganchos.
Con el enamoramiento no me refiero al de personas de carne y hueso en exclusiva, es decir; personas que conoces a la perfección gracias a tus dotes de observación o porque desde que naciste has permanecido con esa persona lo suficientemente cerca para saber por dónde van los tiros; sino de personas que ni conoces, que ves en el bus que te lleva a casa, o en el metro, o un día que llegas tarde a clase o al trabajo, también las que ves por la tele, actores, o incluso personas que no están en vida aquí, pero sí han dejado un gran legado, como por ejemplo escritores, músicos, etc.
Aquí pensabais que os iba a soltar el tostón con el amor hacia alguien, pero no... Otra vez os equivocáis.
Puedes enamorarte de las esencias de las personas, de su afán luchador, enamorarte de la tenacidad, del pelo, del cuerpo, de la mente de alguien, del libro favorito de tu tía Manoli, del perro del vecino, y hasta si me apuras de una flor. Puedes hacerlo de tu ropa, o quizás de tus recuerdos... Fíjate si puedes enamorarte, que hasta lo puedes hacer de ti mismo, sin depender de que nadie te quiera, sin miedo de que te hagan daño, de que te traicionen, de que te hagan llorar, de que te dejen tirado, de que no vayan contigo a tomarse unas cervezas...
Enamórate de ti, y como dicen por ahí, á(r)mate de valor, que la vida son dos días. ¿Y si no te quieres tú quién lo va a hacer?
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