N
NO
¿Cuántas veces has escuchado esta palabra? Probablemente demasiadas, y seguro que todos los recuerdos que te vienen de ella son malos... O por lo menos el 99,9% sí; así lo son para mí.
¿Te acuerdas del no de aquella persona que te gustaba? (Para mí el peor de todos los que existen, o casi) Sí, de tu amor platónico...probablemente te acuerdes de ese día, de la hora, de dónde estabas y con quién, de la ropa que llevabas y hasta del color de tu esmalte de uñas o de calzoncillos. Te acuerdas hasta de la foto de perfil de What's App que tenías, incluso del fondo de pantalla del móvil y si me apuras hasta del del chat.
¿A que dolió, eh? y estaba claro que ese no venía acompañado de alguna que otra frase demoledora pero no mucho, lo suficiente como para aclarar las cosas y partirte el corazón en 785 trozos, en vez de 1200. Ese duele casi tanto como el no de una admisión a algo que anhelabas con toda tu alma, incluso más que el amor de alguien (o no).
Algo que sabes que solamente dependía de ti, y que otros calificaron como no apto, véase el ejemplo de los estudios o de los viajes, propósitos incumplidos que tenemos todos. También está el no de tu primera entrevista de trabajo, acompañado de un: nos lo hemos pensado mejor y creemos que los trabajadores preferirán doblar horas antes que coger a alguien más; o el no de tu madre tras haberle preguntado si estaba haciendo tu plato favorito ( aunque este tampoco duele tanto, a no ser que esté haciendo menestra... Ahí sí que escuece).
Por otro lado, están los no que son respuesta a preguntas las cuales debían ser contestadas con un sí igual de grande la catedral de Burgos, o los no ninjas, los que no te esperas pero aparecen sigilosamente y te revientan el alma.
Y en el limbo clasificaríamos los oye, me ha pasado algo pero no te lo puedo contar, a lo cual piensas y a veces contestas: ¡¿pues entonces para qué narices me dejas con la duda, porque sabes que no se me va a ir de la cabeza y por más que sea un plomo no me vas a decir nada, de verdad, ganas de matarte tengo, eh?!
¿Pero no todos iban a ser malos, no?
Los no buenos son aquellos que te esperas, que imaginas que vengan, que alguien los pronuncie, los sueñas, como cuando preguntas a alguien por decimoséptima vez si está enfadado y te contesta que no, que no le ocurre nada, solo que no habla porque ha tenido un día de mierda en la universidad o en el trabajo, y que no es tu culpa, o incluso los no que dices tú; a este grupo también se unen los: no, al contrario que vienen precedidos por la frase : pensaba que ni te ibas a acordar de mí, esos son mágicos.
Igual que he escrito esto con la palabra no, podría haberlo hecho con el sí; por qué no?
¿Cuántas veces has escuchado esta palabra? Probablemente demasiadas, y seguro que todos los recuerdos que te vienen de ella son malos... O por lo menos el 99,9% sí; así lo son para mí.
¿Te acuerdas del no de aquella persona que te gustaba? (Para mí el peor de todos los que existen, o casi) Sí, de tu amor platónico...probablemente te acuerdes de ese día, de la hora, de dónde estabas y con quién, de la ropa que llevabas y hasta del color de tu esmalte de uñas o de calzoncillos. Te acuerdas hasta de la foto de perfil de What's App que tenías, incluso del fondo de pantalla del móvil y si me apuras hasta del del chat.
¿A que dolió, eh? y estaba claro que ese no venía acompañado de alguna que otra frase demoledora pero no mucho, lo suficiente como para aclarar las cosas y partirte el corazón en 785 trozos, en vez de 1200. Ese duele casi tanto como el no de una admisión a algo que anhelabas con toda tu alma, incluso más que el amor de alguien (o no).
Algo que sabes que solamente dependía de ti, y que otros calificaron como no apto, véase el ejemplo de los estudios o de los viajes, propósitos incumplidos que tenemos todos. También está el no de tu primera entrevista de trabajo, acompañado de un: nos lo hemos pensado mejor y creemos que los trabajadores preferirán doblar horas antes que coger a alguien más; o el no de tu madre tras haberle preguntado si estaba haciendo tu plato favorito ( aunque este tampoco duele tanto, a no ser que esté haciendo menestra... Ahí sí que escuece).
Por otro lado, están los no que son respuesta a preguntas las cuales debían ser contestadas con un sí igual de grande la catedral de Burgos, o los no ninjas, los que no te esperas pero aparecen sigilosamente y te revientan el alma.
Y en el limbo clasificaríamos los oye, me ha pasado algo pero no te lo puedo contar, a lo cual piensas y a veces contestas: ¡¿pues entonces para qué narices me dejas con la duda, porque sabes que no se me va a ir de la cabeza y por más que sea un plomo no me vas a decir nada, de verdad, ganas de matarte tengo, eh?!
¿Pero no todos iban a ser malos, no?
Los no buenos son aquellos que te esperas, que imaginas que vengan, que alguien los pronuncie, los sueñas, como cuando preguntas a alguien por decimoséptima vez si está enfadado y te contesta que no, que no le ocurre nada, solo que no habla porque ha tenido un día de mierda en la universidad o en el trabajo, y que no es tu culpa, o incluso los no que dices tú; a este grupo también se unen los: no, al contrario que vienen precedidos por la frase : pensaba que ni te ibas a acordar de mí, esos son mágicos.
Igual que he escrito esto con la palabra no, podría haberlo hecho con el sí; por qué no?
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