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Líneas.

La vida está llena de líneas.
Líneas que dividen y marcan los caminos hacia casa, literal y figuradamente.
Líneas que guían nuestro destino, como aquella leyenda del hilo rojo... porque, ¿qué es sino un hilo?
Líneas que dibujan nuestros cuerpos, y que incluso los separan unos de otros; líneas inquebrantables que de vez en cuando incumplen esta cualidad, lo cual provoca el surgimiento de un nuevo caos.
Existen líneas rectas y curvas, invisibles y visibles, aunque a veces las queramos esconder.
Nuestro cuerpo son líneas, una especie de dibujo único y original; inigualable, por el cual a veces sufrimos más de lo que toca.
Con esto de encajar me refiero a los cánones, que no son más que líneas que debe seguir un individuo dentro de la sociedad para ser aceptado en esta. Dichas líneas a veces nos hacen pensar que debemos cambiar por fuera para que nos quieran de verdad, que debemos perder o ganar peso para que nuestra originalidad deje de serlo, o simplemente se parezca más a la del resto... Nada más allá de la realidad, lo que logramos es destruirnos, borrar nuestra esencia poco a poco, como cuando te sale mal un dibujo y decides coger una goma y borrar fuerte, con ganas, para que no se note ni rastro de lo que había antes.
El problema, señoras y señores, es cuando esto se vuelve un asunto serio, lo que provoca enfermedades como la bulimia o la anorexia, la vigorexia, y un largo, larguísimo etcétera.
Nunca habéis pensado en cómo de acomplejada pudo llegar a estar una persona como para meterse los dedos hasta la campanilla para vomitar; o cuánta hambre debió de pasar alguien que no quiso engordar y no comía; o bien el dolor que debe sufrir alguien adicto al gimnasio, metido entre cuatro paredes durante casi todo el día para conseguir marcar esa V que tanto ansían los tíos o conseguir sacar culo...
Todo por las líneas, las de los cánones que se nos clavan en los adentros y nos torturan.
Cambiemos, y por favor, solo si la salud lo requiere, no porque Fulano te haya dicho que las tías le gustan con culo, o que Mengana salga exclusivamente con tíos con unos brazos fuertes (aunque no se fije en que realmente parecen croissants).
Hablando de croissants, hay que ver lo buenos que están eh, combinan con dulce, con salado... ¿También se te ha hecho la boca agua eh? ¿Y si te digo gofre, napolitana de chocolate, pizza, raviolis, tarta, dulce de leche, helado, fruta fresquita en verano, chocolate caliente con churros/buñuelos? Con estos manjares es complicado mantener la línea, eh, pero aquí estamos para darnos caprichitos, por lo que un dulce de vez en cuando no viene mal.
Retomando la parte nombrada anteriormente, la del hilo rojo, puedo decir que esta clase de línea o hilo, como queráis llamarlo, sí que me gusta, me encanta,  ya que para mí el destino es como mi segunda religión.
Para quien no lo sepa, la leyenda asiática cuenta, literalmente que «un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper».
¿Os imagináis que el amor de vuestra vida está al otro lado del Atlántico o incluso en la Antártida? Yo me puedo hacer una idea, lo que me cuesta más de recrear es al planeta Tierra de color rojo, y no azul... Y no rojo por la contaminación o de sangre, sino por los hilos, como una especie de maraña con la cual un gato jugaría distraído, un gran gato, el gatazo, el destino, que junta los hilitos al azar o los separa, de manera que a veces puede que te cruces al amor de tu vida por la calle y otras veces tardas más, lo importante es pensar que el gatito es bueno y pondrá los hilos donde toquen, tarde o temprano pero lo hará.


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